Principe y mendigo
Principe y mendigo —Lo que he visto en este breve momento —se dijo— no desaparecerá de mi memoria, en la que vivirá siempre. Lo veré todos los dÃas y soñaré con ello todas las noches hasta que muera. ¡Ojalá hubiera sido ciego!
Hendon, que no cesaba de observar al rey, se dijo satisfecho:
—Su locura mejora. Ha cambiado, y su carácter es más dulce. Si hubiera seguido su manÃa, habrÃa llenado de injurias a esos lacayos, diciendo que era el rey y ordenándoles que dejaran libres a las mujeres. Pronto su ilusión se desvanecerá y quedará olvidada y su pobre caletre sano otra vez. ¡Quiera Dios apresurar ese momento!