Principe y mendigo
Principe y mendigo —Primoroso oropel el mÃo, por cierto —se dijo—. El caballero espectral del Reino de los Sueños y de las Sombras me ha convertido en un conde espectral. —¡Vertiginoso vuelo para alas inexpertas!—. De seguir asà pronto me colgarán adornado lo mismo que un mayo, con objetos fantásticos y lauros de mentirillas. Pero sabré valorarlos, tan sin valor como son, por el amor que los otorga. Mejores son estas pobres ficticias dignidades mÃas, que vienen sin pedirlas de mano limpia y espÃritu recto, que las verdaderas, compradas por el servilismo al poder envidioso e interesado.
El temible sir Hugo hizo dar vuelta a su caballo, y, al apretar el paso, el muro viviente se dividió silenciosamente para abrirle paso, y tan silenciosamente se juntó de nuevo. Y asà permaneció; ninguno llegó tan lejos como para aventurar una observación en favor del prisionero ni en alabanza suya; mas no importaba: la ausencia de insultos era de por sà suficiente homenaje. Un recién llegado que no estaba al tanto de las circunstancias y que lanzó una burla al «impostor», y estaba a punto de continuarla arrojándole un gato muerto, fue inmediatamente derribado y echado a puntapiés, sin palabra alguna, y luego el profundo silencio reinó de nuevo.