Principe y mendigo

Principe y mendigo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Pronto estuvo en medio de una multitud de niños que corrían, saltaban, jugaban a la pelota y a saltar cabrillas o que se divertían de otro modo, y muy ruidosamente. Todos vestían igual y a la moda que en aquellos tiempos prevalecía entre los criados y los aprendices[1], es decir, que cada uno llevaba en la coronilla una gorra negra plana, como del tamaño de un plato, que no servía para protegerse, por sus escasas dimensiones, ni tampoco de adorno. Por debajo de ella caía el pelo, sin raya, hasta el medio de la frente y bien recortado a lo redondo; un alzacuello de clérigo; una toga azul ceñida que caía hasta las rodillas o más abajo; mangas largas; ancho cinturón rojo; medias de color amarillo subido con la liga arriba de las rodillas; zapatos bajos con grandes hebillas de metal. Era un traje asaz feo.

Los niños dejaron sus juegos y se agruparon en torno al príncipe, que dijo con ingénita dignidad:

—Buenos niños, decid a vuestro señor que Eduardo, el Príncipe de Gales, desea hablar con él.

Ante esto, se alzó una enorme gritería, y un chico grosero dijo:

—Por ventura eres tú mensajero de Su Gracia, mendigo.

El rostro del príncipe se sonrojó de ira y su ágil mano se dirigió veloz a la cadera, pero no había nada allí. Se desató una tempestad de risas y un muchacho dijo:


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker