Principe y mendigo
Principe y mendigo Ya en esto las damas están fluyendo en reluciente manantial, y los oficiales revolotean y destellan por dondequiera, sentándolas e instalándolas cómodamente. La escena está ya bastante animada. Hay movimiento y vida, y colores cambiantes por todas partes. Al cabo de un rato, vuelve a reinar la calma, porque todas las damas han llegado y están en sus sitios, como un gran ramillete de flores resplandecientes, de colores abigarrados, y escarchadas de diamantes como una VÃa Láctea. Hay aquà todas las edades: viudas arrugadas y canosas, que pueden retroceder más y más en el tiempo y recordar la coronación de Ricardo III, y los turbulentos dÃas de aquella inolvidable época; y hay hermosas damas de mediana edad, y matronas lindas y graciosas, y doncellas gentiles y bellas, de radiantes ojos y tez fresca, que muy probablemente se pondrán torpemente su enjoyada corona cuando llegue el momento solemne, porque el lance será nuevo para ellas y su agitación será un grave obstáculo. Sin embargo, esto puede no ocurrir, porque el pelo de todas estas damas está arreglado con especial atención a la colocación rápida y airosa de la corona cuando llegue la señal.