Principe y mendigo
Principe y mendigo —¡Teneos, basta ya! ¿Era redondo?, ¿y grueso?, ¿y tenÃa letras y lemas grabados? ¿SÃ? ¡Oh!, ahora sé lo que es este Gran Sello por el que ha habido tanto apuro y alboroto. De habérmelo descrito, lo podrÃais haber tenido hace tres semanas. Ahora sé muy bien dónde está; pero no fui yo quien lo puso ahà por primera vez.
—¿Quién, pues, mi señor? —preguntó el lord protector.
—Ese que está ahÃ, el legÃtimo rey de Inglaterra. Y él mismo habrá de decirles dónde está; entonces creeréis que lo sabe por su propio conocimiento. Haced memoria, rey mÃo, recordad; fue lo último, lo realmente último que hicisteis aquel dÃa antes de salir apresuradamente de palacio, vestido con mis andrajos para castigar al soldado que me habÃa ofendido.