Principe y mendigo
Principe y mendigo —¿Entonces para qué lo usaste? —La roja sangre empezó a subir a las mejillas de Tom, quien bajó los ojos y guardó silencio—. Habla, buen muchacho, y no temas nada —dijo el rey—. ¿Para qué usaste el Gran Sello de Inglaterra?
Tom balbució un momento, con patética confusión, y al fin pudo sacarlo:
—¡Para cascar nueces!
¡Pobre niño! El aluvión de risas que acogió esto casi lo levantó en vilo. Pero si en algún ánimo quedaba la duda de que Tom Canty no fuera el verdadero rey de Inglaterra, familiarizado con los augustos incidentes de la realeza, esta respuesta la disipó por completo.
Entretanto el suntuoso manto de gala habÃa pasado de los hombros de Tom a los del rey, cuyos andrajos quedaron de hecho ocultos a la vista debajo de él. Luego se reanudó el ceremonial de la coronación; el verdadero rey fue ungido y la corona colocada sobre su cabeza, mientras los cañonazos retumbaban la noticia a la ciudad, y todo Londres parecÃa bambolearse por la aclamación.