Principe y mendigo
Principe y mendigo —Que el canallita sea desnudado y encerrado en la Torre.
Pero el nuevo rey, el verdadero rey, dijo:
—No lo permitiré. A no ser por él no tendrÃa de nuevo mi corona; nadie le pondrá la mano encima; y en cuanto a ti, mi buen tÃo, mi lord protector, esa conducta tuya no muestra agradecimiento hacia este pobre muchacho, porque he oÃdo que te hizo duque (el protector se ruborizó), y eso que no era todavÃa rey; por consiguiente, ¿de qué vale ahora tu encumbrado tÃtulo? Mañana me pedirás a mÃ, por mediación de él, la confirmación, de lo contrario, no como duque, sino como simple conde permanecerás.
Ante esta reprimenda, Su Gracia el duque de Somerset se retiró un poco de la primera lÃnea durante algunos instantes.
El rey se volvió hacia Tom y le dijo amablemente:
—Mi pobrecito niño, ¿cómo fue que pudiste recordar dónde escondà el Sello, cuando no podÃa recordarlo yo mismo?
—¡Ay, rey mÃo!; eso fue fácil, puesto que lo he usado varios dÃas.
—¿Lo has usado y no podÃas explicar dónde estaba?
—No sabÃa que era eso lo que querÃan. No lo describieron, Majestad.