Principe y mendigo
Principe y mendigo El hombre lo miró, estupefacto, luego meneó la cabeza y refunfuñó:
—¡Está loco de remate como cualquier fulano del manicomio! —Lo agarró de nuevo por el cuello, y dijo con una grosera carcajada y un juramento—: Pero loco o no loco, yo y tu abuela Canty encontraremos muy pronto dónde está lo más blando de tus huesos, o no soy hombre verdadero.
Con esto arrastró al enfurecido y forcejeante prÃncipe, que no dejaba de resistirse, y desapareció por una callejuela, seguido por un turbulento y regocijado enjambre de sabandijas humanas.