Principe y mendigo
Principe y mendigo Miles Hendon le ahorró el trabajo, porque luego se volvió, como generalmente hará un hombre cuando alguien le magnetiza mirándolo insistentemente desde atrás; y al observar un fuerte interés en los ojos del muchacho, avanzó hacia él y dijo:
—Acabas de salir de palacio. ¿Vives en él?
—SÃ, vuestra merced.
—¿Conoces a sir Humphrey Marlow?
El niño se sobresaltó y dÃjose:
«¡Cielos! ¡Mi difunto padre!». Y contestó en voz alta:
—Muy bien, vuestra merced.
—¡Bien! ¿Está dentro?
—Sà —dijo el niño—. Y añadió para sÃ: «Dentro de su tumba».
—¿Puedo pedirte el favor de que vayas a decirle mi nombre, y que le ruego me permita hablar un momento con él?
—Despacharé el asunto de buen grado, bien, señor.
—Entonces dile que Miles Hendon, hijo de sir Ricardo, está aquà fuera. Te quedaré obligado en gran medida, mi buen muchacho.
El niño parecÃa desencantado.