Principe y mendigo
Principe y mendigo —El rey no lo ha llamado asà —se dijo—; pero no importa, éste es su hermano gemelo, y apuesto a que puede dar Su Majestad noticias del otro Caballero de los Jirones y los Guiñapos. Asà que dijo a Miles: —Entrad allà un momento, buen señor, y esperad a que os traiga noticias.
Hendon se retiró al lugar indicado, que era un hueco en la pared de palacio, con un banco de piedra, que servÃa de refugio a los centinelas cuando hacÃa mal tiempo. Apenas se habÃa sentado, unos alabarderos, al mando de un oficial, pasaron por allÃ. El oficial lo vio, detuvo a sus hombres y ordenó a Hendon que lo siguiera. Él obedeció, y al instante lo arrestaron como individuo sospechoso que rondaba por las inmediaciones de palacio. Las cosas empezaban a ponerse feas. El pobre Miles iba a explicarse, pero el oficial le hizo callar ásperamente y ordenó a sus hombres que lo desarmaran y lo registrasen.
—Conceda el Dios misericordioso que encuentren algo —dijo el pobre Miles—. Bastante he registrado yo, sin conseguirlo, y eso que mi necesidad es mayor que la de ellos.