Principe y mendigo
Principe y mendigo —Ordena Su Majestad que, por graves y poderosas razones de Estado, Su Gracia el prÃncipe oculte su enfermedad por todos los medios que estén a su alcance, hasta que pase y Su Gracia vuelva a estar como estaba antes; es decir, que no deberá negar a nadie que es el verdadero prÃncipe y heredero de la grandeza de Inglaterra, que deberá conservar su dignidad de prÃncipe y recibir, sin palabra ni signo de protesta, la reverencia y observancia que se le deben por acertada y añeja costumbre; que deberá dejar de hablarle a ninguno de ese nacimiento y vida de baja condición que su enfermedad ha creado en las malsanas imaginaciones de una fantasÃa obsesionada; que habrá de procurar con diligencia traer de nuevo a su memoria los rostros que solÃa conocer, y cuando no lo consiga deberá guardar silencio, sin revelar con gestos de sorpresa, u otras señales, que los ha olvidado; que en las ceremonias de Estado, cuando quiera que se sienta perplejo en cuanto a lo que debe hacer y las palabras que debe decir, no habrá de mostrar la menor inquietud a los espectadores curiosos, sino pedir consejo en tal materia a lord Hertford, o a su humilde servidor, que tenemos mandato del rey de ponernos a su servicio atentos a su llamado, hasta que esta orden se anule. Esto dice Su Majestad el rey, que envÃa sus saludos a Su Alteza Real y ruega que Dios quiera en su misericordia sanar a Vuestra Alteza prontamente y conservarle ahora y siempre en su bendita protección.