Principe y mendigo
Principe y mendigo Dejamos a Juan Canty arrastrando al verdadero prÃncipe hacia Offal Court, con una ruidosa y regocijada turba pisándole los talones. En ella sólo hubo una persona que brindó una palabra rogando por el cautivo, y no le hicieron caso: tan grande era el tumulto que apenas incluso se oyó. Continuó el prÃncipe luchando por su libertad y protestando contra el tratamiento que sufrÃa, hasta que Juan Canty perdió la poca paciencia que le quedaba y con repentino furor levantó su garrote de roble sobre la cabeza del prÃncipe. El único defensor del chico saltó para detener el brazo del hombre, y el golpe dio en su propia muñeca. Canty rugió:
—¿Quieres entrometerte? ¡Pues ten tu recompensa!
Su garrote se estrelló en la cabeza del mediador. Se oyó un gemido, una forma opaca se hundió en tierra entre los pies de la muchedumbre, y un momento después yacÃa sola en la oscuridad. La turba continuó, sin que su diversión fuera perturbada por este episodio.
