Principe y mendigo

Principe y mendigo

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Esta observación apagó la jovialidad del padre, y le recordó el negocio. Volvióse enojado al príncipe, y dijo:

—Mañana tenemos que pagar dos peniques al dueño de este agujero, dos peniques, adviértelo, todo este dinero por medio año de renta, de lo contrario saldremos fuera de aquí. Muestra lo que has reunido mendigando.

El príncipe contestó:

—No me ofendas con tus sórdidos asuntos. Te vuelvo a decir que soy el hijo del rey.

Un recio golpe, de la ancha palma de Canty en el hombro del niño lo mandó tambaleándose a los brazos de la buena mujer de Canty, quien lo estrechó contra su seno, y lo defendió de una violenta lluvia de puñetazos y bofetadas, interponiendo su propia persona. Las asustadas muchachas se retiraron a su rincón, pero la abuela avanzó muy solícita para asistir a su hijo. El príncipe se separó de la señora Canty exclamando:

—No has de padecer tú por mi causa, señora. Deja que esos cerdos hagan lo que quieran conmigo solo.

Estas palabras encolerizaron a los cerdos a tal grado que pusieron manos a la obra sin pérdida de tiempo. Entre ambos apalearon vigorosamente al niño, y luego dieron una golpiza a las niñas y a su madre por haber mostrado compasión de la víctima.

—¡Ahora —dijo Canty—, a la cama todos! La diversión me ha fatigado.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker