Tom Sawyer detective
Tom Sawyer detective —Tom Sawyer —dije yo—, lo diré de nuevo, como le he dicho muchas otras veces: No sirvo ni para darle betún negro a tus botas. Pero eso está bien… y, aunque no viene al caso, Dios Todopoderoso, que nos creó a todos, ha dado a algunos unos ojos ciegos, y a otros, ojos que ven, y me parece que no es asunto nuestro saber para qué lo ha dispuesto asÃ; asà está muy bien, o lo habrÃa hecho de otra manera. Continúa… Ya lo veo muy claramente: esos ladrones se fueron sin los diamantes. ¿Por qué crees que no se los llevaron?
—Porque les dieron caza los otros dos, antes de que pudiesen quitar las botas del cadáver.
—¡Eso es! Ya me doy cuenta. Pero oye, Tom, ¿por qué no vamos y lo contamos todo?
—¡Oh, caramba, Finn!, ¿es que no comprendes? FÃjate bien. ¿Qué es lo que va a ocurrir ahora? Se llevará a cabo una investigación por la mañana. Los dos hombres contarán que oyeron los gritos y que salieron a toda prisa para llegar precisamente a tiempo de no salvar al desconocido. Entonces el jurado hablará bobadas y más bobadas y, por fin, llegarán a un veredicto en el concluirán que al infeliz le habrÃan pegado un tiro, o le darÃan una puñalada, o un mamporrazo en la cabeza con algo, y halló la muerte por inspiración divina. Y después de que lo hayan enterrado, rematarán sus bienes para pagar las expensas, y entonces se presentará nuestra oportunidad.