Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero ¡Y vaya si corrimos! Ni nos paramos a recoger nuestras ropas, trepamos por la escala con los ojos cerrados. Jim perdió la cabeza completamente —siempre lo hacÃa, cada vez que se entusiasmaba o tenÃa miedo—; y entonces, en vez de subir un poco la escala para que no rozase el suelo, de manera que los animales no pudieran alcanzarla, salió disparado a la velocidad del rayo, y nos llevó pitando por el cielo, colgados de la escala durante un buen rato, antes de recobrar el sentido común y darse cuenta de la tonterÃa que estaba haciendo. Entonces lo detuvo, pero se olvidó completamente de la maniobra siguiente; asà que allà estábamos, dando tumbos por el aire, tan arriba que los leones parecÃan cachorritos.
Sin embargo, Tom consiguió trepar y subir al globo para recobrar el mando. Empezó entonces a descender, y a regresar al lago, donde los animales merodeaban como en una reunión campestre; por un momento, pensé que él también habÃa perdido el juicio, pues sabÃa que yo estaba demasiado asustado para trepar. ¿No serÃa acaso su intención la de arrojarme entre los tigres y todas aquéllas cosas?
Pues no. Estaba completamente cuerdo y sabÃa lo que estaba haciendo. Descendió hasta quedar a uno o dos metros por encima del lago y allà se detuvo. Entonces chilló:
—¡Suéltate rápido y déjate caer!