Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Jim sà que lloró, completamente desatado ya, bailaba armando un gran jaleo, de tan agradecido y loco de alegrÃa como estaba. Era mi turno de guardia, asà que me tocaba permanecer haciendo algunos trabajos, pero Tom y Jim bajaron a beber un barril de agua cada uno y cogieron un montón para mà también. He probado muchas cosas buenas en mi vida, pero nada comparadas con el agua aquella. Entonces bajaron de nuevo y se dieron un baño, luego Jim tomó el relevo y Tom y yo dimos una carrera, y luego estuvimos boxeando, no recuerdo haberlo pasado mejor en toda mi vida. No tenÃa mucho calor, pues se acercaba el anochecer y, de todos modos, tampoco tenÃamos puestas nuestra ropa. La ropa están bien para el colegio, la ciudad, los bailes de etiqueta y demás, pero no tiene sentido llevarla donde no existe la civilización, ni ningún tipo de molestias o chinchorrerÃas.
—¡Leone! ¡Qué vienen lo leone! ¡De prisa amo Tom, subÃ, Huck! ¡Sálvese quien pueda!