Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Y ya no miró más; lo que dijo me daba miedo a mà también, porque sabÃa que era verdad, ya que asà habÃa ocurrido siempre con los fantasmas; asà que yo tampoco miré más. Ambos suplicamos a Tom que diésemos la vuelta y fuésemos hacia otro lado, pero él no quiso, y nos dijo que éramos unos charlatanes supersticiosos e ignorantes. SÃ, dije yo, ya se pillará los dedos un dÃa de éstos, insultar asà a los fantasmas. Tal vez lo soportarán durante algún tiempo, pero eso no durará para siempre, pues cualquiera que conozca algo sobre fantasmas sabrá lo fácil que resulta herirlos, y también lo vengativos que son.
De manera que permanecimos completamente quietos y callados, Jim y yo muertos de miedo, y Tom manteniéndose ocupado. Al poco rato, Tom pidió que detuviésemos el globo, y dijo:
—Ahora, levantaos y mirad, inocentones.
Asà lo hicimos, y, ¡era cierto!, habÃa agua justo debajo de nosotros. Era clara, azul, fresca, profunda y ondulaba con la brisa. Era la visión más encantadora que yo haya contemplado. HabÃa bancos de césped y flores por todas partes, y bosquecillos con frondosos árboles que daban mucha sombra, entremezclados con plantas trepadoras, y con un aspecto tan apacible y tranquilo, que casi daban ganas de llorar de tan hermoso.