Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero De un salto, Nat subió al coche dando un portazo, y se fueron hacia allá a toda velocidad, cayéndose a pedazos, dándose topetazos y rebotando, por el camino más lleno de baches que un tipo haya visto jamás. Nat deslizó sus brazos a través de las argollas[2], y permaneció esperando lo que fuese, la vida o la muerte, pero muy pronto el coche tropezó con una roca, y saltó volando por los aires, el fondo se rompió, y cuando volvió a bajar, los pies de Nat estaban tocando el suelo. Entonces se dio cuenta de que estaba en el peligro más desesperado si no podía mantenerse encima del coche. Estaba terriblemente asustado, pero insistió en aferrarse a las argollas con todas sus fuerzas, haciendo que sus piernas francamente volaran. Comenzó a chillar y a pedir a gritos al conductor que se detuviera, y eso también era lo que hacía la multitud que se encontraba en las calles, pues podían ver a través de las ventanas las piernas girando como trompos bajo el coche, y su cabeza y hombros meneándose dentro de él. Nat sabía que estaba corriendo un peligro espantoso; pero cuanto más gritaban todos al negro, más chillaba éste y fustigaba a los caballos, y el jolgorio era aún mayor: «¡No se ponga nervioso, yo le haré llegá a tiempo, patrón, lo haré, seguro!». Veréis, el negro creía que estaban todos metiéndole prisa, y, claro, no podía ver nada del jaleo que estaba organizando. De manera que allá se fueron, a toda prisa, y todo el mundo se quedaba helado y petrificado al verlos; cuando por fin llegaron al Capitolio, la gente consideró que aquél había sido el viaje más rápido que pudiera haberse llevado a cabo jamás. Los caballos se tumbaron en el suelo, y Nat se cayó; estaba completamente agotado, y entonces todos tiraron de él para sacarle del coche. Cuando salió, estaba cubierto de polvo, con la ropa hecha andrajos y descalzo; pero llegó a tiempo, justo a tiempo, luego dio alcance al Presidente, le dio la carta y todo se arregló. El presidente le concedió el perdón sobre el asunto, y Nat entregó al negro dos cuartos extra, en lugar de uno, porque se dio cuenta de que, de no haber tenido el coche, no habría llegado allí a tiempo, ni a ningún sitio cercano tampoco.