Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero En cuanto a las ropas, no quedaba ninguna. Hasta el último harapo de ellas estaba ya en el estómago de aquellos animales; lo cual no me parecía nada bien, puesto que los bolsillos estaban llenos de botones de bronce, navajas, tabaco, clavos, tizas, canicas, anzuelos de pesca y cosas diversas. Pero no me importaba. Lo que más me molestaba era que no nos quedaban más que las ropas del profesor, una gran colección, pero no demasiado apropiada para recibir visitas, en caso de que nos cruzásemos con alguna, ya que los pantalones eran largos como túneles, y las chaquetas y demás cosas en concordancia. Aun así, había allí todo lo que un sastre pudiese necesitar, y Jim era un sastre bastante rápido, así que nos aseguró que pronto podría recortarnos uno o dos trajes, para sacarnos del apuro.