Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Generalmente, las noches en el Desierto eran muy tranquilas, pero esta vez teníamos música. Un montón de animales vinieron a cenar: escurridizas fieras que aullaban y que Tom creía que eran chacales, y otras de lomos curvados, que él suponía que eran hienas; todas ellas armando un jaleo infernal con sus furiosos rugidos. A la luz de la luna, formaban un cuadro completamente distinto a los que yo había visto. Subimos rápidamente hasta colocarnos sobre la copa de un árbol, pero no soportamos hacer ninguna guardia, y todos nos fuimos a dormir; sin embargo, yo me levanté dos o tres veces para observar a los animales y escuchar su música. Era como tener gratis una butaca de primera fila en una casa de fieras, lo cual era algo que yo nunca había hecho antes, y me parecía una tontería irme a dormir y perdérmelo, ya que podría ser que no volviera a presentarse una oportunidad así.
De madrugada volvimos a pescar, y luego haraganeamos durante todo el día en la sombra frondosa que había en una isla, turnándonos con la guardia, y vigilando que ninguno de los animales se nos acercara a curiosear por allí, buscando eronautas para cenar. Íbamos a marcharnos al día siguiente, pero no podíamos, todo era demasiado encantador.