Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Al otro dÃa, cuando nos elevamos en el cielo y salimos navegando rumbo al Este, permanecimos contemplando el lugar que dejábamos detrás, hasta que se convirtió en una mera manchita en el Desierto, y os puedo asegurar que era como decir adiós a un amigo, al que no verás nunca más.
Jim estaba pensando, y al cabo de un rato, dijo:
—Amo Tom, creo que hemos llegao al final del Desierto, digo yo.
—¿Por qué?
—Bueno, eso salta a la vista. Tú sabe cuánto hase que estamo dando vuelta por ensima. Me parese que ya hemo visto demasiá. Ya no debe quedá máj arena.
—¡Caray! Hay suficiente arena, no tienes que preocuparte.
—¡Oh, yo no me preocupo, amo Tom!, sólo me preguntaba, eso é todo. El Señó tiene sufisiente arena, no me cabe la menó duda; sin embargo, no creo que vaya a desperdisiala desa manera; ademá creo que el Desierto ya é bastante grande, tal como ya’mo visto, y cuesta mucho estendé l’arena por ensima.
—¡Venga hombre, cállate ya! No hemos hecho más que empezar a atravesar el Desierto. Estados Unidos es un paÃs bastante grande, ¿verdad? ¿No es cierto, Huck?
—Sà —dije yo—, no hay otro más grande, eso creo.