Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Así lo hicimos, y al poco rato empezó a soplar la tormenta; la arena nos caía encima como si nos la echaran con palas, y el aire estaba tan saturado que no podíamos ver nada. En cinco minutos el globo se llenó de arena, y nosotros estábamos sentados en nuestros sitios enterrados hasta la barbilla: sólo sobresalían nuestras cabezas y apenas podíamos respirar.
Cuando amainó la tormenta, y vimos aquella gigantesca pared navegando a través del Desierto, era un espanto verla, os lo aseguro. Logramos desenterrarnos, y miramos hacia abajo, hacia el sitio en donde había estado la caravana, y allí no se veía más que un océano de arena, ahora completamente inmóvil y callado. Toda la gente con sus camellos, asfixiados y enterrados…, enterrados bajo tres metros de arena, según nuestros cálculos, y Tom dijo que creía que pasarían tal vez años antes de que el viento los descubriera, y que durante todo ese tiempo sus amigos no sabrían qué habría sucedido con la caravana. Luego dijo:
—Ahora ya sabemos lo que les había sucedido a aquellas gentes a quienes quitamos las pistolas y las espadas.