Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Luego, pusimos manos a la obra, y era un trabajo muy duro y arduo; nos daba tanto calor, que tuvimos que subir un poco más arriba para tener un clima más fresco, o de lo contrario no podíamos soportarlo. Tom y yo nos turnábamos, uno trabajaba mientras el otro descansaba, pero no había nadie que relevara al pobre y viejo Jim, que humedeció con su sudor toda aquella parte de África. No podíamos trabajar bien porque estábamos muertos de risa, en tanto Jim se había puesto un poco neura, y quería saber qué era lo que nos hacía reír tanto, y nosotros teníamos que inventarnos motivos, aunque eran bastante tontos, sin embargo servían, ya que Jim no parecía darse cuenta. Por fin, terminamos casi muertos, pero no por el trabajo, sino de risa. Al poco rato, Jim también estaba medio muerto, pero de trabajo, así que nos turnamos y le ayudamos. Él se mostraba más que agradecido con nosotros, y sentado sobre la borda se enjugaba el sudor, jadeaba y, con voz entrecortada, nos decía lo buenos que éramos con un pobre y viejo negro, que nunca nos olvidaría. Era el negro más agradecido que jamás haya visto, aunque uno hiciera la más pequeña cosa por él. Tan sólo era negro por fuera; por dentro era tan blanco como tú.