Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Asà que, cuando salimos, cogimos unos burritos y paseamos un rato, luego dimos un paseo en bote, más tarde montamos de nuevo en los burros, y nos fuimos al Cairo; el camino era el más suave y hermoso que yo haya visto nunca, habÃa palmeras de dátiles muy altas a cada lado, y niños desnudos por todas partes; los hombres tenÃan la piel rojiza como el cobre, y eran elegantes, fuertes y apuestos. La ciudad en sà misma era una curiosidad. Las calles eran muy estrechas…, bueno, en realidad eran callejones, atestados de gente con turbantes en la cabeza, mujeres con velos, y todo el mundo ataviado con ropas de variados y brillantes colores. Uno se preguntaba cómo los camellos y la gente podÃan pasar por callejuelas tan estrechas; pero lo hacÃan…, todo era un jaleo tremendo, ¿sabéis?, y todo el mundo hacÃa ruido. Las tiendas no eran lo suficientemente grandes como para poder darse la vuelta en ellas; el tendero tenÃa trajes de moda en el mostrador, y fumaba su larga y serpenteante pipa cuidando de tener, al alcance de la mano las cosas que pudiese vender. Se encontraba muy cómodo en la calle, en donde se daba de encontronazos con los cargamentos de los camellos al pasar por su lado.