Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero De cuando en cuando alguien importante pasaba a toda velocidad en un carruaje, con hombres elegantemente vestidos gritando y corriendo delante de él, aporreando con una vara muy larga a todo el que no se apartase del camino. Al cabo de un rato, pasó el Sultán a lomos de un caballo al frente de la procesión, y sus ropajes eran tan magníficos que casi te quitaban la respiración. Todo el mundo se tumbaba boca abajo al verle pasar. Yo me había olvidado de eso, pero un hombre me lo recordó: era el que tenía la vara y corría por delante del Sultán.
También vimos algunas iglesias, pero no santifican el Domingo: santifican el Viernes y se toman el Sábado para descansar. Había una multitud de hombres y muchachos en la iglesia, sentados en grupos sobre el suelo de piedra, haciendo toda clase de ruidos interminables…, aprendiendo a conciencia sus lecciones del Corán, decía Tom, que para ellos es como la Biblia, y la gente que lo conoce lo mejor sabe lo suficiente como para decir que no sabe. Nunca había visto una iglesia tan grande en toda mi vida, era terriblemente alta también; el mirar hacia arriba hacía que te sintieses mareado; la iglesia de nuestro pueblo no tenía nada que hacer comparada con aquélla; si la trasladasen hasta aquí, la gente creería que se trataba de un puesto de comestibles.