Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Tom da explicaciones
NOS quedamos dormidos cerca de las cuatro de la mañana, y despertamos a eso de las ocho. El profesor estaba cabizbajo, sentado en su sitio. Nos lanzó algo para desayunar, pero nos dijo que no nos acercásemos a popa de la brújula que estaba en medio de la nave. Eso quedaba por el centro del bote. Bueno, cuando uno es avispado y come hasta quedar satisfecho, las cosas se ven mucho mejor que antes. Hace que uno se sienta bastante cerca de la comodidad, aun cuando se halle a bordo de un globo, en compañía de un genio. Nos pusimos a hablar entre nosotros.
Había una cosa que continuaba molestándome, y al poco rato pregunté:
—Tom, ¿no zarpamos hacia el este?
—Sí.
—¿Y a qué velocidad hemos estado volando?
—Bueno, ya has oído lo que dijo el profesor cuando estaba dando vueltas furioso por ahí: unas veces decía que íbamos a ochenta kilómetros por hora, otras a ciento veinte y otras a ciento sesenta. Dijo también que, con ayuda de una tormenta, podría llegar a los cuatrocientos ochenta en cualquier momento, y que, si tenía la tormenta y quería que soplara en la dirección correcta, sólo tenía que subir o bajar para encontrarla.
—Bueno, pues entonces es justo lo que yo creía. El profesor nos ha mentido.