Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Durante más de treinta años, había sido el único hombre en el pueblo que tenía una reputación…, quiero decir, la reputación de ser un viajero y, por supuesto, estaba mortalmente orgulloso de ello, y se sabía que, a lo largo de esos treinta años, habría contado todo sobre sus viajes por lo menos un millón de veces, y siempre había disfrutado haciéndolo. Y ahora llegaba un muchacho, que no había cumplido los quince años, y tenía a todo el mundo embobado y admirado por sus viajes, y al pobre viejo se le ponían los pelos de punta. Le ponía enfermo escuchar a Tom y oír a la gente exclamar: «¡Demonios! ¡Habráse visto! ¡Por Dios santo!» y toda clase de cosas, pero no podía dejar de oírle: no era más que una mosca con la pata de atrás atrapada en melaza. Y siempre que Tom descansaba, la pobre criatura metía la cuchara, y contaba sus mismos antiguos viajes, y hacía que durasen lo más posible, pero ya estaban bastante desvaídos y no daban para más, lo cual era algo muy triste de ver. Entonces le tocaba a Tom otra vez, para luego seguir el anciano de nuevo… y continuar así, durante una hora o más, cada uno intentando hacer sudar al otro.
