Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero ¡Es una caravana!
ME sentía tan debilitado, que lo único que quería era la oportunidad de tumbarme, así que me encaminé directamente a mi litera y allí me estiré un poco. Pero uno no podría recuperar fuerzas en un horno como aquél, de manera que Tom dio la orden de elevar el globo, y Jim comenzó a remontarlo. Y cuidado que es necesaria una considerable altura para librarse de las pulgas; Tom recordó aquella canción infantil: «Mary tenía un corderito, sus pulgas eran blancas como la nieve»[8]; pues éstas no lo eran, pertenecían a una especie oscura, de las que siempre están hambrientas de cualquier cosa, y llegarían a comerse un pastel, de no encontrar a ningún cristiano cerca. Siempre que hay arena, encontraréis pulgas, y cuanta más arena haya, mayor será el enjambre. Por allí todo era arena, y el resultado fue en consecuencia. Nunca había visto un número semejante.
Tuvimos que remontarnos más de un kilómetro hasta poder encontrarnos con un tiempo agradable; y otro más aún para librarnos de aquellas criaturas; pero en cuanto comenzó a refrescar, saltaron por la borda. Luego bajamos de nuevo, y corría un brisa fresca y agradable, perfecta, y muy pronto me encontré recuperado completamente. Tom había permanecido sentado muy quieto y pensativo; pero de pronto dio un salto y dijo:
—¡Os apuesto mil dólares a que sé dónde estamos! ¡Estamos en el gran Desierto del Sahara, seguro!