Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero Pero muy pronto tuvimos sonidos de sobra, pues se acercaba otro león. Su ruido atrajo la atención de los otros. Se podía ver cómo venían a la carrera desde todas direcciones, y en seguida se juntaron un par de docenas debajo de mí, dando saltos para alcanzar la escala, resoplando y dándose zarpazos el uno al otro; de manera que pasábamos casi rozando la arena, y estos tipos haciendo lo imposible para que no pudiésemos olvidar la ocasión. También vinieron algunos tigres, sin invitación, y armaron un bonito jaleo allá abajo.
Nos dimos cuenta de que este plan había sido todo un error. No podríamos escapar de ellos de esta manera, y yo no podría sujetarme eternamente. De manera que Tom se puso a pensar, y dio con otra idea. Ésta fue la de matar al león con el revólver del profesor, y luego salir volando, mientras las otras fieras se peleaban por el cadáver. Así que mantuvo quieto el globo y lo hizo, y luego nos elevamos, mientras dejábamos que continuase todo aquel lío. Entonces descendimos unos ochocientos metros más lejos, y me ayudaron a subir a bordo. Pero en el preciso momento en que ya estábamos fuera de su alcance, la banda se nos acercó una vez más. Y, cuando vieron que ya nos habían perdido y no podrían atraparnos, se sentaron sobre sus patas traseras con una expresión de desilusión tal, que era difícil que uno pudiese dejar de comprender su punto de vista en todo el asunto.