Tom Sawyer en el extranjero

Tom Sawyer en el extranjero

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Todo parecía distinto a cuando estuvimos ansiosos por ver tierra y bajar. Pero teníamos que sobreponernos a ese sentimiento… sin lugar a dudas. Ya nos habíamos acostumbrado al globo, no teníamos ningún temor, y tampoco deseábamos estar en ninguna otra parte. Parecía que nos encontrábamos en casa, como si hubiésemos nacido y nos hubiésemos criado en él, Jim y Tom decían lo mismo. Siempre había tenido gente odiosa a mi alrededor, gruñéndome, molestándome y rezongando. Algunos me encontraban faltas, armaban jaleo y me incomodaban, me daban de palos y la tenían tomada conmigo, obligándome a hacer esto o aquello, siempre eligiendo las cosas que yo no deseaba hacer, y luego me sacudían de lo lindo cuando haraganeaba o se me ocurría hacer otra cosa. Le amargaban la vida a uno todo el tiempo; pero aquí arriba en el cielo todo estaba tan tranquilo, encantador y lleno de sol, había mucho para comer, y mucho por dormir, extrañas cosas para ver, ninguna buena gente que nos gruñera ni molestara, estábamos todo el tiempo de vacaciones. ¡Cielos! No tenía ningún prisa por bajar y volver a la civilización de nuevo. Ahora bien, una de las peores cosas de la civilización es que cualquiera que recibe una carta con malas noticias viene y te cuenta todo sobre el asunto y te hace sentir mal. Los periódicos cuentan los problemas de todo el mundo, y hace que te sientas descorazonado y lúgubre la mayor parte del tiempo; es una carga muy pesada para una persona. Detesto los periódicos; odio las cartas; y si estuviera en mis manos, no dejaría que nadie cargase con sus problemas de ese modo a alguien que no tiene nada que ver en el asunto y que encima vive al otro lado del planeta. Bueno, aquí arriba, en el globo, no hay nada de eso, y es el lugar más delicioso que existe.


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