Tom Sawyer en el extranjero
Tom Sawyer en el extranjero El lago invisible
DESAYUNAMOS muy temprano por la mañana, y nos sentamos a contemplar el Desierto. El clima nunca había estado tan fresco y encantador, y eso que no volábamos muy alto. Había que descender cada vez más abajo después de la puesta del sol, porque en el Desierto refresca muy rápido; así que, cuando empezaba a atardecer, íbamos rozando el suelo, sólo un poquito nada más, por encima de la arena.
Estábamos observando la sombra del globo deslizándose en el suelo, y de vez en cuando nuestros ojos iban recorriendo el Desierto, para descubrir cualquier cosa que pudiera moverse; luego volvíamos a mirar la sombra; de repente, justo debajo de nosotros, vimos un montón de hombres y camellos esparcidos en torno, completamente inmóviles, como si estuvieran dormidos.