Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Ah, tened la bondad, señor, no está en ninguna dirección desde aquÃ, puesto que el camino no se extiende de manera recta; antes bien da muchas vueltas, de manera que la dirección de dicho sitio no es permanente, sino que está a veces bajo un cielo y más allá bajo otro, por lo cual, si creyeseis que se encuentra en el este y fuerais hacia allÃ, observarÃais que el sentido del camino de nuevo gira sobre sà mismo en el espacio de medio cÃrculo, y esta maravilla ocurre una vez más, y otra, y otra, y todavÃa otra, y os afligirÃa el haber pensado por vanidades de la mente que podrÃais frustrar e impedir la voluntad suprema de Él, que no ha querido concederle a un castillo dirección alguna desde otro sitio, excepto la que sea de su agrado, y si no fuese de su agrado podrÃa ser que prefiriera que se desvanecieran de la faz de la tierra todos los castillos y todas las direcciones, dejando los sitios donde se encontraban antes vacÃos y desolados, advirtiendo asà a sus criaturas que cuando sea su voluntad asà se hará, y cuando no lo sea...