Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Está bien, está bien; un descanso, por favor, olvídate de la dirección, al cuerno con la dirección..., perdón..., mil perdones; hoy no me encuentro bien; no me hagas mucho caso si me enfrasco en soliloquios, es una vieja costumbre mía, una vieja y mala costumbre, y dificil de superar cuando tienes la digestión trastornada por comer alimentos cultivados siglos y siglos antes de tu nacimiento, ¡ya lo creo! Es imposible que un hombre mantenga sus funciones normalmente alimentándose con pollos añejos que ya tienen más de mil trescientos años. Pero basta, no tiene ninguna importancia, olvídalo. ¿Tienes un mapa de la región? Porque un buen mapa...
-¿Se trata, por ventura, de aquella suerte de objetos que en tiempos recientes han traído los infieles desde el otro lado de los grandes mares, y que se ponen a hervir en aceite y se le agrega luego una cebolla, una pizca de sal y...?
-¿Qué? ¿Un mapa? ¿Pero de qué hablas? ¿No sabes lo que es un mapa? Es, es... Olvídalo; no voy a explicártelo. Detesto las explicaciones; complican tanto las cosas que al final no consigues decir nada. Puedes marcharte, cariño; buenos días. Clarence, indícale la salida.