Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -¡Qué pinta tiene! -me gritaban, al tiempo que me tiraban terrones.
Mi opinión es que los chicos de todas las épocas son iguales. No respetan nada, no les importa nada ni nadie. Le dicen: «¡Sube, calvo!» al profeta que inofensivamente recorre su camino entre el polvo de la antigüedad; me insultaban en la santa penumbra de la Edad Media, y del mismo modo los había visto actuar durante la administración del presidente Buchanam; lo recuerdo muy bien porque estuve allí y colaboré. El profeta tenía un cayado y podía desquitarse de sus chiquillos, y yo quería bajar del caballo y desquitarme de los míos, pero no era muy buena idea porque no habría podido montar de nuevo. Detesto los países donde no existen grúas.