Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -¡Maldito, maldito, maldito sea! -repetía sir Madok-. Por mi vida que si lo encuentro lo voy a bruñir como a una estufa. Porque ningún caballero, así sea el linajudo sir Ossaise, puede afrentarme de este modo y seguir con vida. Y habré de encontrarlo para dar cumplimiento al gran juramento que hoyhe hecho.
Y con estas y otras palabras, empuñó la lanza y se puso en camino.