Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
El sábado a mediodía regresé al pozo y estuve mirando un buen rato. Merlín seguía haciendo humaredas con polvos de su repertorio, dando pases en el aire y musitando jerigonzas extrañas, pero a pesar de su porfia me pareció que estaba un tanto desanimado, porque, naturalmente, no había ,conseguido arrancarle al pozo ni una gota de sudor. Después de un rato le pregunté:
-¿Promete la cosa, colega?
-Prestad atención, porque ahora mismo voy a emplear uno de los encantamientos más poderosos con que cuentan los príncipes de las artes ocultas en tierras del Este, y si no surtiese efecto, ningún otro podrá hacerlo. Ahora guardad silencio hasta que termine.
