Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Esta vez fue el rey quien se quedó atónito, y se detuvo para mirarme fijamente.
-Creía que erais más poderoso que Merlín, y verdaderamente lo sois en la magia. Pero la profecía es aún más importante que la magia, y Merlín es un profeta.
Me di cuenta de que había dado un patinazo y que debía recuperar el terreno perdido. Después de una profunda reflexión y un meticuloso planteamiento dije:
-Alteza, me habéis malinterpretado. Me explicaré. Existen dos clases de profecía. Por un lado, hay quien posee el don de predecir cosas que están a punto de ocurrir, pero, por otro, hay quien posee el don de anticipar cosas cuando van a suceder en las futuras eras y siglos. ¿Cuál de las dos clases creéis que requiere mayor talento?
-La última, sin lugar a dudas.
-Muy cierto. ¿La posee Merlín?
-En parte, sí; predijo misterios sobre mi nacimiento y futuro reinado con veinte años de antelación.
-¿Pero alguna vez ha ido más lejos? -No creo que lo pretendiese.
-Probablemente sea su límite. Todos los profetas tienen su límite. El de algunos de los grandes profetas ha sido de cien años.
-Éstos deben de ser pocos, supongo.