Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Si seguís parloteando el día entero, la justicia se verá frustrada. ¿Creéis acaso que los criminales regresarán a la morada de sus padres? No, ahora mismo escapan, se alejan. Deberíais encargaros de que una partida a caballo siguiese sus huellas.
Advertí que la mujer palidecía, leve, pero perceptiblemente, y que el hombre parecía confundido e indeciso. Dije entonces:
-Vamos, amigo; caminaré contigo un trecho y te diré qué dirección pienso que pueden haber tomado. Si se tratase simplemente de gente que huye para no pagar sus tributos o alguna nimiedad semejante, procuraría evitar su captura, pero cuando unos hombres asesinan a una persona de alto rango y además queman su casa ya es un asunto bien diferente.
Este último comentario iba dirigido al rey... para que se tranquilizara. Una vez en el camino, el hombre echó mano de toda su determinación y comenzó a andar con paso decidido..:, aunque carente de entusiasmo. Después de un rato le pregunté:
-¿Qué parentesco tienes con esos hombres? ¿Son primos tuyos?
Se puso tan blanco como se lo permitía su costra de carbón y se detuvo temblando.
-¡Dios mío! ¿Cómo lo sabíais?
-No lo sabía. No era más que un disparo a ciegas.