Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo
Estaba tan agotado que ni siquiera mis temores consiguieron mantenerme en vela mucho tiempo.
Cuando desperté me parecÃa haber dormido durante largo tiempo. Mi primer pensamiento fue: «Vaya, ¡qué sueño más extraño he tenido! Supongo que desperté justo a tiempo para salvarme de que me ahorcaran, me ahogaran, me quemaran en la hoguera o algo por el estilo... Dormiré otra siesta hasta que suene el silbato, y luego bajaré a la fábrica de armas y me desquitaré de Hércules».
Pero precisamente en ese momento escuché un áspero sonido de cadenas y grilletes herrumbrosos, una luz me hirió los ojos, ¡y aquella aparición, Clarence, estaba frente a mÃ! Me atraganté de la sorpresa y por poco pierdo la respiración.
-¡Qué! -dije-. ¿Tú aquà todavÃa? Márchate con el resto del sueño. ¡Desaparece!
Pero él se limitó a reÃr, a su manera despreocupada, y comenzó a burlarse de mi penosa situación.
-Está bien -dije resignadamente-; entonces que continúe el sueño, no tengo ninguna prisa.
-¿Qué sueño, señor?
-¿Que qué sueño? Hombre, el sueño de que estoy en la corte del rey Arturo, un personaje que nunca existió y que estoy hablando contigo, que no eres más que un producto de mi imaginación.
