Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Hemos intentado olvidarnos del hecho de que somos muchachos ingleses. Hemos hecho un esfuerzo por anteponer la razón al sentimiento y el deber al amor. Nuestras mentes lo comprenden, pero el corazón nos lo reprocha. Mientras sólo se trataba de la nobleza y los hacendados, de los veinticinco o treinta mil caballeros que habían sobrevivido a anteriores guerras, todos estábamos de acuerdo y no teníamos ninguna duda al respecto. Todos y cada uno de estos cincuenta y dos muchachos que tenéis delante pensaron: «Ellos mismos lo han querido». Pero ahora, pensadlo bien, la cuestión es muy distinta, Inglaterra entera marcha contra nosotros. Señor, os rogamos que lo consideréis y reflexionéis; estas gentes son nuestras gentes, carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre; los queremos. ¡No nos pidáis que destrocemos nuestra propia nación!
Bien, esto demuestra la importancia de considerar las cosas con antelación y estar preparado cuando algo sucede. Si no lo hubiese previsto todo, el muchacho me hubiese dejado sin habla. No habría tenido qué responderle. Pero como estaba preparado pude responder: