Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Muchacho, vuestros corazones no se equivocan, habéis pensado lo que teníais que pensar y habéis hecho lo que teníais que hacer. Sois ingleses, lo seguiréis siendo y no mancillaréis el renombre de vuestra patria. No tenéis por qué preocuparos; dejad que descansen vuestras mentes. Pensad sólo en esto: mientras Inglaterra entera marcha contra nosotros, ¿quién avanza en la vanguardia? ¿Quién, según las reglas más elementales de la guerra, irá en la delantera? Contestadme.
-Las huestes de caballeros montados y recubiertos de acero.
-¡Así es! Son fácilmente unos treinta mil. Cubrirán varios acres. Ahora escuchadme: ellos, única y exclusivamente ellos, llegarán hasta el cinturón de arena. ¡Ese sí que será un episodio! Inmediatamente después, la multitud de civiles abandonará sus posiciones yvolverá a ocuparse de sus negocios. Sólo los nobles y los ricos pueden hacerse caballeros, así que después del episodio que os digo serán solamente ellos quienes bailen a nuestro compás. Es absolutamente cierto que sólo tendremos que luchar contra estos treinta mil caballeros. Ahora manifestaos y se hará como decidáis. ¿Debemos evitar la batalla y retirarnos del campo?
-¡¡¡No!!!
El grito fue unánime y sincero.
-Llenéis..., tenéis..., bueno, tenéis miedo de esos treinta mil caballeros?