Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Desde luego que no.
-Es pavoroso, Clarence. ¡Qué lástima me da!
El asunto me preocupaba de tal manera que no conseguía dejar de darle vueltas. Al final, y para acallar mi conciencia, escribí el siguiente mensaje, destinado a los caballeros:
AL HONORABLE COMANDANTE
DE LA CABALLERÍA INSURRECTA DE INGLATERRA
Lucháis en vano. Conocemos vuestras fuerzas, si es que pueden denominarse así. Sabemos que para enfrentaros podríais reunir a lo sumo veinticinco mil hombres. Por consiguiente, no tenéis ni la más mínima oportunidad. Reflexionad; estamos bien equipados, bien parapetados y somos cincuenta y cuatro. ¿Cincuenta y cuatro qué? ¿Hombres? No, ¡mentes! Las mentes más capaces que existen en el mundo, una fuerza contra la cual la simple fuerza animal no tiene más esperanzas de triunfar que las que tienen las indolentes olas del mar de prevalecer sobre los muros de granito de las costas de Inglaterra. Quedáis advertidos. Os estamos ofreciendo vuestras vidas; en nombre de vuestras familias, no lo rechacéis. Esta es la última oportunidad que os damos; abandonad las armas; rendíos incondicionalmente a la República y todo seráperdonado.
Firmado: EL JEFE