Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Y en seguida, de vuelta al trabajo. Comprobé el funcionamiento de las señales eléctricas que iban desde la plataforma de ametralladoras hasta la caverna y me aseguré de que todo estuviese en orden. Verifiqué una y otra vez las que activaban las cercas y mediante las cuales podía enviar e interrumpir a voluntad la corriente eléctrica de cada cerca, independientemente de las otras. Dejé el dispositivo de conexión al mando de tres de mis mejores muchachos, que se alternaban para hacer la guardia durante la noche, en turnos de dos horas, y que estaban alertas para obedecer con presteza mi señal en caso de que se presentase la ocasión -tres disparos de revólver en rápida sucesión-. Se prescindió de la vigilancia nocturna y se dejó desierto el corral. Impartí órdenes para que se mantuviese él silencio en la caverna y se redujesen las luces a su intensidad mínima.