Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo Mañana. Ya ha llegado. Y con el nuevo día ha llegado el final. Me desperté hacia medianoche y vi que aquella bruja ejecutaba extraños pases en el aire alrededor de la cabeza y la cara del jefe. Me pregunté qué podría significar. Con excepción del encargado de vigilar la dinamo, todos dormían, y no se oía ningún ruido. La mujer interrumpió sus misteriosos y absurdos gestos y de puntillas se dirigió hacia la puerta. La llamé.
-¡Alto! ¿Qué estabais haciendo?
Se detuvo y dijo con tono de pérfida satisfacción: -¡Fuisteis los vencedores y ahora sois los vencidos! Estos otros están pereciendo... y vos también pereceréis. Moriréis todos en este sitio, todos y cada uno... menos él. Duerme ahora... y dormirá durante trece siglos. ¡Yo soy Merlín!
En aquel momento le entró tal ataque de risa tonta que se tambaleó como un borracho y quiso agarrarse de uno de nuestros cables eléctricos. Todavía tiene la boca abierta de oreja a oreja, y se diría que sigue riéndose. Supongo que su rostro conservará esa risotada petrificada hasta que el cadáver se convierta en polvo.