Un yanqui en la corte del rey Arturo
Un yanqui en la corte del rey Arturo -Has tenido el tiempo suficiente. Te he dado todas las ventajas, sin interferencia alguna. Es evidente que tu magia es débil. A mi modo de ver, es más que justo que ahora actúe yo. Ejecuté unos tres pases en el aire y al momento se escuchó un estallido espantoso y la vieja torre saltó por los aires en pedazos, rodeada por una fuente de fuego volcánico que transformó la noche en mediodía e iluminó a un millar de acres de seres humanos, que se arrastraban por el suelo en medio del espanto general y la consternación total. Llovieron piedras y argamasa el resto de la semana. Esa fue la noticia que se propagó, aunque probablemente no correspondía con exactitud a los hechos.
Fue un milagro eficaz. La tan fastidiosa población temporal desapareció rápidamente. A la mañana siguiente se veían muchos miles de huellas en el lodo, pero todas se alejaban de la torre. Si hubiese anunciado otro milagro no habría conseguido reunir una audiencia ni con la ayuda de un alguacil.