Abel Sánchez
Abel Sánchez —Pero sà un compañero, un consejero, un amigo o un maestro como usted.
—Pero hay cosas que el pudor impide se traten entre padres e hijos.
—Es natural que usted, su mayor y más antiguo amigo, su casi hermano, lo defienda, aunque…
—¿Aunque qué?
—¿Puedo decirlo todo?
—¡SÃ, dilo todo!
—Pues bien, de usted no le he oÃdo nunca hablar sino muy bien, demasiado bien, pero…
—¿Pero qué?
—Que habla demasiado bien de usted.
—¿Qué es eso de demasiado?
—Que antes de conocerle yo a usted, maestro, le creÃa otro.
—ExplÃcate.
—Para mi padre es usted una especie de pesonaje trágico, de ánimo torturado de hondas pasiones. «¡Si se pudiera pintar el alma de JoaquÃn!», suele decir. Habla de un modo como si mediase entre usted y él algún secreto…
—Aprensiones tuyas…
—No, no lo son…
—¿Y tu madre?
—Mi madre…