Abel Sánchez
Abel Sánchez —SÃ, venme ahora a mÃ, a mÃ, con esas pamemas. Un artista no soporta la gloria de otro, y menos si es su propio hijo o su hermano. Antes la de un extraño. Eso de que uno de su sangre le supere…, ¡eso no! ¿Cómo explicarlo? Haces bien en dedicarle a la Medicina.
—Además, asà ganará más.
—Pero ¿quieres hacerme creer que no ganas mucho con la pintura?
—Bah, algo.
—Y además, gloria.
—¿Gloria? Para lo que dura…
—Menos dura el dinero.
—Pero es más sólido.
—No seas farsante, Abel, no finjas despreciar la gloria.
—Te aseguro que lo que hoy me preocupa es dejar una fortuna a mi hijo.
—Le dejarás un nombre.
—Los nombres no se cotizan.
—¡El tuyo sÃ!
—¡Mi firma, pero es… Sánchez! ¡Y menos mal si no le da por firmar Abel S. Puig! —que le hagan marqués de Casa Sánchez. Y luego el Abel quita la malicia al Sánchez. Abel Sánchez suena bien.