Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Atormentado Augusto Hermann Francke por torturadoras dudas, decidió invocar a Dios, a un Dios en que no creÃa ya, o en quien más bien creÃa no creer, para que tuviese piedad de él, del pobre pietista Francke, si es que existÃa[18]. Y un estado análogo de ánimo es el que me inspiró aquel soneto titulado «La oración del ateo», que en mi Rosario de sonetos lÃricos figura y termina asÃ:
Sufro yo a tu costa,
Dios no existente, pues si tú existieras
existirÃa yo también de veras.
SÃ, si existiera el Dios garantizador de nuestra inmortalidad personal, entonces existirÃamos nosotros de veras. ¡Y si no, no!