Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida ¿Recordáis el fin de aquel Cántico del gallo salvaje, que en prosa escribiera el desesperado Leopardi, el vÃctima de la razón, que no logró llegar a creer? «Tiempo llegará —dice— en que este Universo y la Naturaleza misma se habrán extinguido. Y al modo de grandÃsimos reinos e imperios humanos y sus maravillosas acciones que fueron en otra edad famosÃsimas, no queda hoy ni señal ni fama alguna, asà igualmente del mundo entero y de las infinitas vicisitudes y calamidades de las cosas creadas no quedará ni un solo vestigio, sino un silencio desnudo y una quietud profundÃsima llenarán el espacio inmenso. Asà este arcano admirable y espantoso de la existencia universal, antes de haberse declarado o dado a entender, se extinguirá y perderase.» A lo cual llaman ahora, como un término cientÃfico y muy racionalista, la entropÃa. Muy bonito, ¿no? Spencer inventó aquello del homogéneo primitivo, del cual no se sabe cómo pudo brotar heterogeneidad alguna. Pues bien; esto de la entropÃa es una especie de homogéneo último, de estado de perfecto equilibrio. Para una alma ansiosa de vida, lo más parecido a la nada que puede darse.