Del sentimiento trágico de la vida
Del sentimiento trágico de la vida Hay que confesar que no hay, en rigor, fundamento más sólido para la moralidad que el fundamento de la moral católica. El fin del hombre es la felicidad eterna, que consiste en la visión y goce de Dios por los siglos de los siglos. Ahora, en lo que marra es en la busca de los medios conducentes a ese fin; porque hacer depender la consecución de la felicidad eterna de que se crea o no que el EspÃritu Santo procede del Padre y del Hijo, y no solo de Aquel, o de que Jesús fue Dios y todo lo de que la unión hipostática, o hasta siquiera de que haya Dios, resulta, a poco que se piense en ello, una monstruosidad. Un Dios humano —el único que podemos concebir— no rechazarÃa nunca al que no pudiese creer en Él con la cabeza, y no en su cabeza, sino en su corazón, dice el impÃo que no hay Dios, es decir, que no quiere que le haya. Si a alguna creencia pudiera estar ligada la consecución de la felicidad eterna, serÃa a la creencia en esa misma felicidad y en que sea posible.